martes, 21 de abril de 2015


La importancia que en los últimos años se ha dado al medio ambiente, la preocupación social por el mismo y el marco institucional y normativo desarrollado en este sentido, ha impulsado el cambio del paradigma de desarrollo desde el expansionismo, basado en una visión de la naturaleza como mera fuente de recursos y sumidero de desechos, al reconocimiento de la dependencia de la humanidad respecto al sistema natural y de los límites que éste impone al crecimiento económico.


La gestión ambiental nace en los años 70 del siglo XX, en sentido estricto, como re orientación de parte del pensamiento ambiental (eco desarrollo y desarrollo sostenible) y como instrumento de diagnóstico y planificación (planes, programas y proyectos) para la resolución de los problemas ambientales, cada vez más agudos en los países industrializados. El conflicto crece como espuma en Norteamérica y en Europa, y por ende, los movimientos ambientalistas asumen un nuevo protagonismo en la esfera de lo político que hace que los partidos y el Estado asuman nuevas funciones en torno a la problemática planteada. 

GESTIÓN AMBIENTAL EN EL MARCO DE LA RSC
 En el modelo de RSC, la responsabilidad ambiental implica que las empresas han de asumir las externalidades que genera su actividad productiva (Núñez, 2003) adoptando un enfoque de carácter preventivo frente a los retos medioambientales, un compromiso en iniciativas que promuevan la responsabilidad ambiental así como el desarrollo y la difusión de tecnologías respetuosas con el medio ambiente (Rondinelli y Vastag, 1996) que mejoren las ineficiencias del sistema productivo. Este cambio de actitud de las empresas hacia la proactividad en su gestión ambiental o la prevención del daño ambiental está condicionado por diversos factores aunque la obligación de cumplir con la normativa ambiental y la demanda que las empresas reciben de su entorno más inmediato, los denominados grupos de presión o stakeholders son determinantes (Freeman, 1986; Fineman y Clarke, 1996; Henriques y Sadorsky, 1996).