viernes, 24 de abril de 2015
martes, 21 de abril de 2015
La importancia que en
los últimos años se ha dado al medio ambiente, la preocupación social por el
mismo y el marco institucional y normativo desarrollado en este sentido, ha
impulsado el cambio del paradigma de desarrollo desde el expansionismo, basado en
una visión de la naturaleza como mera fuente de recursos y sumidero de
desechos, al reconocimiento de la dependencia de la humanidad respecto al
sistema natural y de los límites que éste impone al crecimiento económico.
La gestión ambiental nace en los años 70 del siglo XX, en
sentido estricto, como re orientación de parte del pensamiento ambiental (eco
desarrollo y desarrollo sostenible) y como instrumento de diagnóstico y
planificación (planes, programas y proyectos) para la resolución de los
problemas ambientales, cada vez más agudos en los países industrializados. El
conflicto crece como espuma en Norteamérica y en Europa, y por ende, los
movimientos ambientalistas asumen un nuevo protagonismo en la esfera de lo
político que hace que los partidos y el Estado asuman nuevas funciones en torno
a la problemática planteada.
La gestión ambiental nace en los años 70 del siglo XX, en
sentido estricto, como re orientación de parte del pensamiento ambiental (eco
desarrollo y desarrollo sostenible) y como instrumento de diagnóstico y
planificación (planes, programas y proyectos) para la resolución de los
problemas ambientales, cada vez más agudos en los países industrializados. El
conflicto crece como espuma en Norteamérica y en Europa, y por ende, los
movimientos ambientalistas asumen un nuevo protagonismo en la esfera de lo
político que hace que los partidos y el Estado asuman nuevas funciones en torno
a la problemática planteada.
GESTIÓN AMBIENTAL EN EL MARCO DE LA RSC
En el modelo
de RSC, la responsabilidad ambiental implica que las empresas han de asumir las
externalidades que genera su actividad productiva (Núñez, 2003) adoptando un
enfoque de carácter preventivo frente a los retos medioambientales, un compromiso
en iniciativas que promuevan la responsabilidad ambiental así como el
desarrollo y la difusión de tecnologías respetuosas con el medio ambiente
(Rondinelli y Vastag, 1996) que mejoren las ineficiencias del sistema
productivo. Este cambio de actitud de las empresas hacia la proactividad en su
gestión ambiental o la prevención del daño ambiental está condicionado por
diversos factores aunque la obligación de cumplir con la normativa ambiental y
la demanda que las empresas reciben de su entorno más inmediato, los
denominados grupos de presión o stakeholders son determinantes (Freeman, 1986;
Fineman y Clarke, 1996; Henriques y Sadorsky, 1996).
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